Institute for War and Peace Reporting | Giving Voice, Driving Change

Cuando un cubano conoce Amazon

Cómo dejar la isla le permitió a un artista dar rienda suelta a su creatividad.
By Gabriel García Galano, Yaudel Estenoz
  • El artista cubano Dunieski Lora Pileta junto a una de las estatuas de la escultora Luise Kimme, quien hizo a Pileta administrador de su museo. (Photo: IWPR)
    El artista cubano Dunieski Lora Pileta junto a una de las estatuas de la escultora Luise Kimme, quien hizo a Pileta administrador de su museo. (Photo: IWPR)
  • El Museo Luise Kimme es una mansión surrealista que administra el escultor cubano Dunieski Lora Pileta y donde además vive. (Photo: IWPR)
    El Museo Luise Kimme es una mansión surrealista que administra el escultor cubano Dunieski Lora Pileta y donde además vive. (Photo: IWPR)
  • Esculturas de Dunieski. (Photo: IWPR)
    Esculturas de Dunieski. (Photo: IWPR)
  • (Photo: IWPR)
    (Photo: IWPR)
  • La colección del museo se centra en la escultura, con exposiciones que van desde motivos religiosos afro-caribeños a una sección de artistas cubanos. (Photo: IWPR)
    La colección del museo se centra en la escultura, con exposiciones que van desde motivos religiosos afro-caribeños a una sección de artistas cubanos. (Photo: IWPR)
  • Las últimas pinturas de Dunieski. (Photo: IWPR)
    Las últimas pinturas de Dunieski. (Photo: IWPR)

Sur del caribe. A menos de 20 kilómetros al norte de tierra venezolana, las angloparlantes islas Trinidad y Tobago (TyT) conforman el país más rico de las antillas. Trinidad es petróleo. Tobago es arena blanca. En Tobago, en el distrito Bethel, a 20 minutos de carreteras zigzagueantes del centro de la isla, en el medio de un verde lujurioso y en la punta de la muy tropical loma Patience Hill (Loma de la paciencia), vive un cubano en una mansión. Es escultor, nació en Santiago de Cuba y tiene 42 años: se llama Dunieski Lora Pileta. Administra el Louise Kimme Museum.

El exilio cubano es complejo y diverso. Hay personas varadas en los campos de refugiados de Holanda, en la frontera entre México y Estados Unidos o en el peligroso tapón de Darien, entre Colombia y Panamá: en situaciones mucho más difíciles, incómodas e irregulares de las que tenían en Cuba.  No es el caso de Dunieski, un artista cubano que migró a Trinidad y Tobago y ahora hace lo que quiere sin moverse de un palacio tropical donde tiene conexión a internet 24 horas al día, siete días por semana.

Dunieski extraña la parte de la familia que quedó en Santiago de Cuba pero ahora, viviendo en una casa cuyas habitaciones son salas de exposición, rodeado de obras de arte,  al comando de una Mac de última generación y de una impresora 3D, afirma que no volvería a su país por una razón en particular: “Internet me cambió la vida”.

No hay cifras oficiales pero se estima que hay al menos unas mil personas cubanas en Trinidad y Tobago, entre ellas centenares radicadas de manera permanente. Como es uno de los pocos países de América que no exige visa a cubanos, los aviones que provienen de La Habana llegan llenos todos los días. Además el capitalismo de Trinidad y Tobago recibió otra catarata de personas exiliadas del socialismo: varios miles de venezolanos en los últimos años.

La oportunidad alemana

El Louise Kimme Museum es una edificación surrealista construida en 1979 por la artista alemana del mismo nombre. Kimme, era una artista alemana que estudió escultura en Duselldorf y Wolverhamptom y que se mantuvo viviendo entre Tobago, Cuba y su trabajo como profesora de escultura en Alemania. Se mudó definitivamente a la isla de Tobago en 2002, para morir y ser enterrada en ese mismo lugar en 2013, en su estudio conocido como El Castillo, que ahora es el museo.

En el Louise Kimme Museum se exhiben más esculturas que pinturas. Los temas abarcan desde motivos religiosos afrocaribeños hasta un apartado con pinturas de artistas cubanas como Rosa Fornés o como Miguel Matamoros y Benny Moré, de quienes Kimme era admiradora. Por lo general el género de exposición es un híbrido, como si le faltara curación pero a pesar de eso, y de que pocos locales saben donde queda, es el museo más importante de Tobago.

Dunieski es el heredero. Vive en Tobago desde 2012. Kimme lo dejó como un keeper, alguien de confianza para conservar el sitio. Los feudos alemanes de Kimme no se han preocupado por este tema: parece estar en orden con la decisión de la artista, confían en el cubano.

El despegue

Kimme iba mucho a Cuba para trabajar en sus esculturas de bronce. En uno de sus viajes, necesitaba un labrador de bronce que viva en Santiago de Cuba y alguien le recomendó a Dunieski. Lo contrató. Se llevaban bien. Trabajaron diez años juntos. Dunieski intentó migrar a España pero regresó a Cuba y volvió a trabajar con Kimme. Cuando ella enfermó de cáncer, le propuso hacerse cargo del museo en Tobago. Y ahí fue Dunieski, a por nuevos horizontes para él, su arte y su familia: “fui a buscar el despegue de mi creación”.  Con recursos, Dunieski se sintió más libre y eso le dio posibilidades de hacer lo que en Cuba no podía ni bromeando.

“Para mi familia fue duro adaptarse aquí porque es otra nación, otra idiosincrasia, otro idioma y otra cultura”, dice el artista. Dunieski fue a Tobago con su esposa y su hija. Ellas lo ayudan a preparar exposiciones y luego a tratar de vender las esculturas. De eso se trata: trabajo, exposiciones y venta. En algún momento desean volver a Europa. Por ahora el Caribe es la realidad familiar.

El oro es internet

Para Dunieski la escultura es la Cenicienta de las artes, se trabaja muy duro y a veces se paga muy mal, pero a pesar de todo en Trinidad y Tobago “se vive mejor que en Cuba”. Los fundamentos son dos: hace lo que se le ocurre sin que lo persiga nadie y  se consiguen los materiales para trabajar muy fácil, gracias a Internet.

Dunieski dice que el acceso pleno a Internet, en un país que tiene casi el 80 por ciento de su territorio conectado con la cuarta velocidad más rápida del continente americano- le ha cambiado la vida. “Sueño despierto” asegura, porque en muchísimo menos tiempo que en Cuba consigue los materiales que necesita para trabajar aunque viva en una isla: “lo mismo puedo pedir dos toneladas de yeso que una impresora 3D”.

Amazon es su santuario: “el yeso llega sin rutinas, sin filas, ni preocupaciones, lo mismo puedo encargarlo a las cuatro de la mañana que a las tres de la tarde”. En Cuba trabajaba mucho para otros artistas. Aquí lo hace para él. Otra puerta que le abrió Internet es conocer a más artistas con quienes colaborar, buscar profesionales con más experiencia que lo ayuden a perfeccionar su arte, a expandir sus horizontes. Gracias al gesto de Kimme hoy todas las ganancias son para él. A diferencia que en Cuba, Dunieski señala que no tiene que “prostituir” su arte haciendo souvenirs para turistas.

No es fácil vivir del arte en Tobago. Hay mucho “desinterés de la gente”. Según el cubano “ellos están para trabajar, tomar, ir de fiesta pero más nada”. El museo recibe pocas visitas, casi todas de turistas y casi ninguna de locales. Dunieski tiene fe de que el palacio se dé a conocer y aumente su popularidad. Eso busca cada mes, cuando va con sus esculturas a Trinidad y las trata de exponer y vender en Puerto España, donde circula una vida más cosmopolita. El precio de las obras no está publicado, se ve en el momento, y por lo general son de cientos o miles de dólares. Dunieski vive de su arte, de más nada. A veces, a sus presentaciones, van altos funcionarios del gobierno de Trinidad y Tobago y le compran sus obras.

El arte de Dunieski ha despegado. Labrar el bronce lleva tiempo porque tiene que hacer moldes, mezclas, fundir y eso es un trabajo arduo. Su obra hoy es más liviana. Si el hombre se desestresa, su obra también. Cuando se está tranquilo, se trabaja mejor. Ya no tiene que pedir autorizaciones ni depender de favores ni retruécanos con las autoridades de la cultura en Cuba. Se siente realizado profesionalmente. Piensa que está lejos de su techo, que seguirá experimentando. Para eso tiene tiempo,  un palacio, dinero “y Amazon, socio”.