Mejoran el transporte de La Habana, pero todavía queda camino por recorrer

A pesar de los esfuerzos del gobierno para restituir el transporte público a su eficiencia anterior, los problemas persisten.

Mejoran el transporte de La Habana, pero todavía queda camino por recorrer

A pesar de los esfuerzos del gobierno para restituir el transporte público a su eficiencia anterior, los problemas persisten.

Aunque el transporte público en La Habana, capital de Cuba ha mejorado después de un programa de inversión de cinco años, los viajeros señalan que tanto los autobuses como lo caminos por los que conducen están en mal estado y los servicios se mantienen irregulares y sobre saturados.

Antes de 1990, el promedio de viajes en transporte público de un cubano era de 250 viajes – incluyendo ómnibuses, trenes y botes- en el curso de un año. Pero las cifras descendieron dramáticamente después de 1991, cuando el colapso de la Unión Soviética y el fin de la ayuda económica para Cuba resultó en una crisis conocida como el “periodo especial”.

Para el 2007, el promedio de viajes en ómnibus por persona disminuyó a 67 al año.

Un plan de cinco años se puso en marcha ese año para alcanzar de nuevo los niveles de 1991.

La Oficina Nacional de Estadísticas de Cuba (ONEI) informó que se han tenido avances, por lo que para el 2011 el número promedio de viajes por persona se elevó a 80 al año.

En Habana, una de las rutas de pasajero que ha mejorado es el ómnibus P-10, que recorre aproximadamente 20 kilómetros y conecta los municipios aledaños al centro de la ciudad -Arroyo Naranjo, Boyeros y 10 de Octubre- con el municipio de Playa -zona de Embajadas, Hoteles y centros recreativos. Antes de 2007 demoraba 45 minutos, pero actualmente tarda entre 10 y 15 minutos en pasar.

Otra ruta, el P-7, que une la Habana Vieja con Centro Habana, en el corazón de la capital, ha sido declarada “Vanguardia Nacional” -una distinción que da el Estado a las personas o empresas por resaltar o sobre cumplir sus objetivos.

En contraste, el periódico oficial Juventud Rebelde señaló que la ruta P-1 solamente tenía un ómnibus en servicio, afectando significativamente los tiempos de espera. En promedio, solo 400 personas podían usar el autobús en cada uno de sus ocho viajes diarios.

“Hay mejoría, pero todavía falta mucho que hacer”, señaló Lourdes Soler, una residente local. “No todas las rutas cumplen con su horario”.

Al igual que los ómnibuses, la gente tiene otras formas de viajar alrededor de La Habana.

Las “guaguas”, pequeños autobuses que solo transportan pasajeros sentados y con capacidades que no superan las 50 personas, cuestan 5 pesos cubanos. El gobierno compró una flota de autobuses Yutong de China para usarlos como “guaguas” como parte de un plan de cinco años. También están los “taxi-buses” que cobran un precio fijo de un peso -menos de cinco centavos de dólar estadounidense.

De más alto costo están los taxis privados o “almendrones”, regularmente coches americanos de los años cuarenta y cincuenta. Un viaje desde las afueras de La Habana hacia el centro de la ciudad  cuesta 20 pesos cubanos, equivalentes a casi un dólar americano. El salario promedio en Cuba es aproximadamente de 400 pesos al mes.

“El transporte en la capital sufre mucho” señala Ariel Quintana, mecánico privado. “Esas guaguas [ómnibuses] no están diseñadas para estar abarrotadas de personas”.

Las carreteras en mal estado tampoco ayudan.

“Es verdad que las calles se han arreglado, pero la calidad de la materia prima [para reparar las calles] no es la mejor” comenta Quintana. “Las calles reparadas, al año ya presentan desperfectos”.

Otro mecánico, Lázaro Ruiz, señala que los autobuses se mantienen funcionando gracias al ingenio de personas como él.

“Con ayuda de los torneros, soldadores, etcétera se evita que se acumulen las guaguas en los paraderos” señala Ruiz.

Para Ruiz, el bloqueo económico de Estados Unidos dificulta la compra de repuestos “por lo que nos vemos obligados a remendar”.

Otro problema del servicio de transporte público es que algunos pasajeros evitan pagar y los chóferes se embolsan algunas de las tarifas que les pagan. Aunque el viaje en los autobuses P cuesta 0.40 pesos, los pasajeros regularmente echan trozos de metal o pedazos de un billete en la alcancía.  

Un inspector de autobuses dijo que los conductores comúnmente se quedan con una parte de las ganancias cuando colectan el dinero.

“De cinco pesos cubanos que coge en su mano, tres pesos van para su bolsillo” indica el inspector.

Un oficial de tránsito quien quiso permanecer en el anonimato, dijo que a pesar del trabajo realizado para mantener las vías principales, Cuba no cuenta con los recursos necesarios para mantener todo en buen estado.

Además, “entre el bandolerismo y la calidad de la calles, el transporte se afecta y la poca economía del país demora en recuperar el equilibrio del servicio de transporte público”.

En 2007, Juventud Rebelde reportó que a 9 meses de entrar en función los Yutong se habían presentado 121 agresiones con piedras a los autobuses, 23 riñas en el interior del vehículo, además de cinco asaltos a las tripulaciones.

El vandalismo parece ser un problema generalizado. Ricardo López, un residente de 40 años de edad, de la zona de Cerro de la ciudad, dijo que los adolescentes suelen lanzar piedras a los autobuses, rompiendo ventanas e hiriendo a las personas en su interior.

Un vecino suyo fue detenido por este tipo de vandalismo, y, como adulto, fue condenado a seis años de cárcel.

Carlos Rodríguez es el seudónimo de un periodista en Cuba.

Esta noticia fue publicada por primera vez en el sitio web de IWPR.

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