Cuba: Un camino lleno de encrucijadas

Muchos ciudadanos enfrentan paralizados un panorama confuso.

Cuba: Un camino lleno de encrucijadas

Muchos ciudadanos enfrentan paralizados un panorama confuso.

A street in Havana, Cuba’s capital city. (Photo: Carl Court/Getty Images)
A street in Havana, Cuba’s capital city. (Photo: Carl Court/Getty Images)

Cuba está en letargo. A estas alturas de 2017 debería estar escribiendo sobre el proyecto de reforma constitucional o sobre qué nuevos derechos fundamentales necesitamos los cubanos. Hoy todo parece ir más lento. Estamos en un camino que nos hace preguntarnos a dónde vamos, cuál es la aspiración a futuro de nuestra sociedad.

Para Cuba, es imprescindible la democratización de nuestro sistema político. Ha habido algunos avances, pero no terminan de consolidarse. Uno de ellos, el desarrollo de la pequeña y mediana empresa privada. Casi medio millón de cubanos pertenecen a este sector, de acuerdo con cifras oficiales. No obstante, este sector ha sufrido nuevas restricciones.

Cuba necesita una cultura de debate basada en el respeto al desacuerdo, al disentimiento y con un total rechazo a la falsa unanimidad que tanto daño nos ha hecho.

Estamos inmersos en muchas encrucijadas. Es necesario un cambio en la conducción política del Estado, pero nadie sabe a ciencia cierta cómo vamos a intervenir los ciudadanos en estos procesos. Las modificaciones a la Constitución no se debaten en público y la anunciada ley electoral no acaba de adoptarse. Se impone el miedo a las elecciones, pero la legitimidad de quienes nos dirigirán en el futuro es crucial.  Parece que nadie recuerda que en unos meses será 2018, año de elecciones generales, para las cuales Raúl Castro ha dicho que no continuará al frente de los Consejos de Estado y de Ministros. Por tanto, quienes lo sustituyan a él y al resto de la denominada Generación Histórica deberían contar con el mayor respaldo popular posible en su elección.

A modo de ejemplo, pensemos que la unificación monetaria, el día cero en que nuestra economía interna comience a operar con una sola moneda, deberá ser anunciada por uno de los nuevos dirigentes.

Cuba tiene dos monedas oficiales desde 1994. El CUC fue creado para, principalmente, facilitar las transacciones de los turistas.  Un dólar estadounidense se cotiza en 25 pesos cubanos y unos 87 céntimos de CUC. Esta diferencia es uno de los principales problemas de la economía cubana.

Esta medida forma parte de una política que busca, entre otros objetivos, lograr el equilibrio monetario interno a corto, mediano y largo plazos, de manera integral. No obstante, ese proceso, en la actualidad, sería un desastre debido a las condiciones económicas y financieras. Su aplicación dependerá de líderes que no tienen el respaldo moral que esgrimen quienes hicieron la revolución.

Cabe añadir que será necesario el perfeccionamiento del sistema electoral, con el objetivo de lograr que quienes nos dirijan en el futuro obtengan el mayor grado de respaldo popular posible. Ellos no tendrán el aval de pertenecer al grupo que hizo la Revolución, por lo que necesitan de reglas electorales que les permita validar su elección sobre la base de fórmulas diferentes a las actuales. En este sentido cabría preguntarse si no sería valedero insertar la elección de los principales cargos del país mediante el voto popular, de conjunto con la restricción temporal para el ejercicio de los mismos.

El país se ha concentrado en conceptualizar, el término utilizado por el gobierno, su modelo económico y en proponerse un ambicioso plan de desarrollo hasta 2030 que deja más preguntas que respuestas. La conceptualización, como se le llama al documento aprobado en el último congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) en 2016, intenta dar forma al socialismo nacional pero ha obviado aspectos que son claves. En este proyecto no se habla sobre el modelo político-jurídico, como si fuera posible separarlo de su base económica e ignora postulados de la filosofía marxista que sigue siendo, al menos desde el discurso oficial, parte de la ideología del Estado.

Sobre el plan de desarrollo a largo plazo no hay mucho qué decir, como no sea que está concebido sobre la base de un crecimiento sostenido en torno al 7% del PIB. Cuba cerró 2016 en recesión. Esto a pesar de los cambios que permitieron a los ciudadanos vender y comprar entre sí viviendas o vehículos, la aparición de pequeños negocios privados y dieron mayor autonomía a las empresas estatales. A la par, se adoptó una nueva Ley de Inversión Extranjera en 2014.

En el aspecto social, Cuba exhibe los mismos logros de siempre, entre ellos los sistemas gratuitos de educación y salud. Pero mientras esto sigue así, se expulsa a Karla María Pérez González, estudiante de la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas en Santa Clara y se le tilda de contrarrevolucionaria por decir públicamente lo que piensa, y por pertenecer a Somos+, una organización no reconocida por el Estado. Aun cuando se trata de una decisión inconstitucional, pone en entredicho la universalidad del derecho a la educación en Cuba.

Los medios de prensa cubanos colocan habitualmente en la palestra pública temas cotidianos que nos afectan a todos, pero poco se dice de las causas que los originan. Es fácil hablar de los altos costos de los alimentos, pero son escasos los datos sobre los problemas de nuestra agricultura, y las oportunidades desaprovechadas por no contar con inversiones extranjeras en este sector. Sin embargo, de vez en cuando el régimen nos recuerda que la producción alimentaria es una cuestión de seguridad nacional.

¿Está preparada Cuba para la normalidad comercial con Estados Unidos?

Del proceso de normalización de relaciones con Estados Unidos parece que algunas cosas se estancarán luego de los anuncios realizados por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en Florida. Esto incluye restricciones a las empresas norteamericanas que mantengan relaciones comerciales con el conglomerado GAESA, con vínculos al ejército cubano. Todo luce congelado, inerte, pero, quedó claro que en la Casa Blanca de Trump se debate sobre las relaciones con Cuba. El tono de Donald Trump recuerda a la Guerra Fría, con más retórica que argumentos serios, pero nuestro país sigue en la agenda. De cualquier forma, el interés del empresariado estadounidense por invertir en el país no ha descendido, y tanto demócratas como republicanos están interesados en levantar el embargo. No obstante, eso supone otra encrucijada ¿Está preparada Cuba para un escenario de normalidad comercial con EE UU?

Honestamente, creo que la respuesta es no. Tenemos que plantearnos cómo sobrevivir  al hecho de tener relaciones comerciales normales con el vecino del norte y mantener la soberanía. Una Cuba sin bloqueo podrá exportar e importar productos y servicios directamente desde el mayor mercado del mundo, ubicado a solo 90 millas náuticas de nuestras costas. La inversión extranjera también podrá concretarse en amplios sectores de nuestra economía. Entonces, ¿cómo enfrentar eso y mucho más?

Al contrario de lo que muchas veces dice el discurso oficial, el pueblo cubano sí necesita empoderarse. No porque lo recomiende el gobierno de Estados Unidos. El pueblo cubano debe empoderarse porque hay que dotarlo, por ejemplo, de nuevos mecanismos de participación política, mientras se renuevan los ya existentes.

Es indispensable convertir a los cubanos en actores de los procesos de formación, ejecución y control de nuestras políticas públicas y leyes; y no como parte en una discusión abstracta que, la mayoría de las veces, no sabemos quiénes lo hicieron o de dónde salió. Se trata de vertebrar una democracia donde los intereses de la mayoría respeten y tomen en cuenta los criterios de la minoría.

Empoderar implica descentralizar el poder a favor de las estructuras locales. Resulta imposible concebir el futuro de Cuba posponiendo, aún más, la adopción de políticas públicas claras, con  respaldo jurídico, que beneficien a lo local como espacio fundamental para el desarrollo económico, político y social.

Parecen ser muchas las encrucijadas de un país que a veces parece ir hacia delante y otras tantas  detenido en el tiempo. Entre rezagos del pasado, constantes llamados al cambio de mentalidad de la sociedad cubana que encuentran oídos sordos, avances y retrocesos económicos, lecciones no aprendidas y mucho escepticismo; una nueva generación trata de imponerse mientras cada día ve partir a muchos. Al final puede que esa sea la principal de todas las encrucijadas: estamos hipotecando el futuro sin saber a dónde vamos.

Raudiel Peña Barrios. Jurista y Coordinador del Programa Ágora del Proyecto Cubaposible.

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