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Cuba: las nuevas tiendas en dólares alimentan el malestar de la población

Medidas destinadas a mitigar la crisis económica producida por la pandemia aumentan las desigualdades.
By Laura Rodríguez Fuentes
  • Illustration by Baleria Mena
    Illustration by Baleria Mena

VILLA CLARA, Cuba — Una multitud de personas se asomó a los ventanales de un comercio, llamado Pompa, que había amanecido surtido de artículos de perfumería, en una mañana de inicios de noviembre, en la esquina del parque central de Santa Clara. Hacía más de seis meses que estos productos no se vendían en ninguna tienda estatal de la provincia.

La noticia provocó el enorme tumulto, pero la decepción no tardó en llegar. Solo era posible adquirir los nuevos productos con una tarjeta magnética asociada a una cuenta bancaria en dólares.  Solo una parte de los cubanos, los que reciben dinero del exterior, podían comprar.

De un día para otro, Pompa, se había convertido en lo que las autoridades del país llaman un tienda en Moneda Libremente Convertible (MLC). Este tipo de comercios comenzaron a proliferar en julio pasado y en ellos pueden encontrarse alimentos o productos de aseo que desde hacía meses escaseaban en el país.

Su propósito es recaudar las anheladas divisas para sostener el funcionamiento del Estado,  paliar las sanciones impuestas por el gobierno de Donald Trump, así como los efectos de la pandemia que hizo desaparecer una fuente de ingresos fundamental para la economía: el turismo.

Pero las nuevas tiendas han provocado un enorme descontento social y la proliferación del mercado negro. En Villa Clara, los establecimientos en MLC se han triplicado desde julio hasta llegar a 13 e incluyen casi todas las principales tiendas de la provincia.

Aunque inicialmente las autoridades plantearon que en estos comercios solo venderían productos no esenciales, en la práctica, se han convertido en los únicos lugares donde es posible comprar productos de primera necesidad. 

Mentiras oficiales

En julio pasado, el viceprimer ministro y ministro de Economía, Alejandro Gil, anunció el inicio de las ventas de productos básicos en MLC y explicó que sería una forma de recaudar dólares y, con ello, importar más alimentos y otros bienes que se venderían en pesos cubanos o pesos convertibles (las dos monedas nacionales que circulan en el país) en beneficio de la mayoría de la población.

La medida buscaba “potenciar la oferta en moneda nacional”, según reportaron los medios oficiales. “En el actual escenario, no podemos tomar recursos del país (divisas) para importar alimentos de gama alta y venderlos en CUC (como son conocidos los pesos convertibles)”, dijo el ministro Gil.

Sin embargo, nada de esto parece haber sucedido en Santa Clara a la fecha. Los ciudadanos no han visto cómo las autoridades utilizaron los dólares recaudados en las nuevas tiendas para aumentar la disponibilidad en el resto de comercios.

Lo que han visto, una y otra vez, es lo que sucedió en la tienda Burbujas: un establecimiento que antes vendía en CUC y estaba desabastecido desde hacía meses cierra y reabre con ventas en dólares.

Comida para hoy, hambre para mañana

El descontento social causado con estas medidas obedece a la desigualdad que propicia. Hay productos que muchas personas simplemente no pueden comprar, no por no tener el dinero, sino porque no disponen de dólares.

Hace poco menos de un mes trascendió en redes sociales una nota publicada en el periódico provincial de Guantánamo, Venceremos, con la cual se le daba respuesta a una lectora que pedía la retirada de las confituras de las vitrinas de las tiendas en MLC para evitar el llanto de los niños cuyos padres no disponían de una cuenta en divisas extranjeras.

A este  malestar hay que sumar el que ha provocado la profundización del mercado negro, donde es posible encontrar en pesos los mismos productos que se venden en las tiendas en MLC al triple de su precio.

Yumié Corcho, una madre villaclareña que llevó a mediados de noviembre a su hija pequeña a un turno médico al Hospital Infantil de la provincia, relató cómo el mercado negro se ha convertido en la única solución para comprarle una caja de jugo a su hija.

“Tuve que comprarle un jugo a mi niña que me costó 120 pesos; (era) de los que antes vendían a 50 en las shoppings (tiendas en CUC) y que ahora nada más se encuentran en dólares. Pero yo no tengo dólares”, dijo Corcho.

Desde la llegada de la pandemia, el gobierno empezó a imponer restricciones a la venta en CUC o pesos, limitando el número de productos que se podían comprar. Pero en los últimos meses, con el auge de las tiendas en MLC, estas medidas se han endurecido aún más.

Tomemos el ejemplo de la tienda Novedades, perteneciente a la cadena TRD Caribe, que controla el Ejército, y que sigue distribuyendo productos en CUC en Santa Clara.

En esta tienda, ni la entrada ni la venta son ahora libres. Para comprar es necesario acudir en un día específico del mes, previamente establecido por las autoridades, en función del lugar de residencia de cada familia. La venta, además, está regulada por la libreta de racionamiento, de manera que está estrictamente limitada la cantidad de productos que se pueden adquirir.

En el día correspondiente, cada familia puede adquirir un pomo de aceite, un tubo de pasta dental, una porción de picadillo o carne molida, dos paquetes de salchichas, dos de detergente, uno de pollo, dos jabones y un desodorante.

Pero este este estricto sistema tampoco garantiza que los productos que, en teoría, cada familia tiene derecho a comprar, estén realmente disponibles en el día en que se les permite acudir a la tienda.

Si ese día no hay pollo o jabón, cada familia tendrá que esperar semanas hasta tener de nuevo la oportunidad de comprar.

Para no generar falsas expectativas, las autoridades de la provincia han advertido a la población, que algunos artículos, tanto comestibles como de aseo, se venderían una vez al mes, mientras que otros solo estarían disponibles cada dos o tres meses.

Zoila Barrera, una santaclareña ama de casa que hacía cola en la tienda Novedades en una mañana de noviembre, aseguró que cuando se entera qué día le corresponde comprar, ella procura llegar siempre antes de que abra la tienda.

“A las 7:00 ya hay gente esperando. La última vez que vendieron pollo no pude comprarlo porque no alcanzó, y eso que yo no tengo muchos quehaceres”, dijo. “Con el aceite casi nunca tengo problemas, aunque no me alcanza lo que dan para todo el mes; siempre tengo que comprar más por la calle (en el mercado negro)”.

De primera necesidad

Desde que las tiendas en monedas nacionales comenzaron a aplicar este sistema, los reclamos no han cesado. La población ha expresado su malestar por el horario de venta, que coincide con la jornada laboral, y obliga a ausentarse del trabajo.

También ha generado críticas el hecho de que no se tiene en cuenta el número de miembros de familia para la distribución de los productos. Cada familia puede comprar lo mismo, sea cual sea su tamaño.

A todo ello se suma el problema de los precios, que siguen siendo elevados para los salarios cubanos. Un paquete de pollo congelado, por ejemplo, suele costar el equivalente a la mitad de la pensión de muchos jubilados. Otros módulos (paquetes) compuestos por champú, acondicionador, detergente y desodorante pueden alcanzar un precio que representa un tercio de un salario mensual para muchos trabajadores estatales.

Muchas personas mayores y otras con bajo nivel adquisitivo “compran uno o dos de los artículos a los que tienen derecho, y otros los dejan en el establecimiento porque no les alcanza el dinero, no porque no les haga falta”, dijo un dependiente de una tienda en el reparto José Martí de Santa Clara y quien pidió el anonimato por temor a represalias.

Pero si algo sobre este nuevo sistema ha generado malestar es que junto a todas estas restricciones, dificultades y carencias para poder comprar en las monedas en las que se pagan los salarios, ha proliferado la venta libre de productos en una moneda extranjera.